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ES HORA

 Los argentinos entre la Divina Comedia y la República



Fecha: 30/10/2019   11:17

Antepongamos las virtudes cardinales de Platón a los siete pecados capitales del Dante




Hemos votado, y gracias ininterrumpidamente desde 1983, un nuevo gobierno que asumirá el 10 de diciembre próximo y todo hace pensar que el mandatario saliente le entregará los atributos del mando al entrante, no poca cosa comparada con las anteriores sucesiones. Pero, no habrá llegado la hora en que modifiquemos otras cuestionen, tan importantes o más que ejercer el sagrado derecho al voto.

Anoche, ya exhausto de tantos análisis y opiniones sobre las elecciones, con ese aparatito sublime de libertad, el control remoto de la TV, encontré una película: “Los siete pecados capitales”, con las actuaciones de Brad Pitt David como Mills, Morgan Freeman como el Detective William Somerset, Kevin Spacey como John Doe, Gwyneth Paltrow en el papel de Tracy Mills y R. Lee Ermey, como Capitán de policía. Somerset es un solitario y veterano detective a punto de retirarse que se encuentra con Mills, un joven impulsivo. Ambos investigan un particular asesinato. Es este el primero de una serie de crímenes que aluden los siete pecados capitales. Y mientras corría la investigación de los crímenes también corría en mi mente la problemática que nos aqueja a los argentinos.

Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana.  

Fue el poeta Dante Alighieri (1265-1321) utilizó los mismos en La Divina Comedia, poema escrito en 1307. La Divina Comedia es una obra fundamental de la transición del pensamiento medieval al renacentista y está compuesta por más de 14.000 versos distribuidos en 100 cantos. Su argumento relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, guiado por el poeta romano Virgilio. El objetivo de este periplo es corregir los pecados que ha cometido en el mundo terrenal y así adquirir la gloria divina. El núcleo central de la historia se entrelaza así con temas como la fe en Dios, la ética o la moral.

Esos siete pecados capitales se los describe como:

Soberbia: En casi todas las listas de pecados, la soberbia es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros. la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás

Lujuria: Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales». O como el «Exceso o demasía en algunas cosas».

Ira: La ira puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enfado. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacia uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial. Dante describe a la ira como «amor por la justicia pervertido a venganza y resentimiento».

Envidia: desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y por consiguiente desean el mal al prójimo, y se sienten bien con el mal ajeno. Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos»

Avaricia: incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspiradas por la avaricia.

 Pereza: descuidar notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones,

Gula: Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo.

Las virtudes cardinales

A los pecados capitales se les anteponen las virtudes: justicia, fortaleza y templanza. Estas virtudes formaban al ciudadano relevante, útil y perfecto. Pero en La República, Platón añadió una cuarta, la prudencia. Sin darles el nombre específico de «virtudes cardinales», las describió como:

Justicia (virtud fundante/preservante) Cuya práctica establece que se ha de dar al prójimo lo que es debido, con equidad respecto a los individuos y al bien común.

Prudencia (calculativo)  La prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con moderación.

 Fortaleza (enérgico) Abarca los dos conceptos de «fuerza física» y «energía de ánimo» y no debe confundirse con el concepto y el vocablo «violencia». Por la primera acepción el hombre repele y supera los ataques físicos mientras que por la segunda soporta, rechaza y supera las grandes dificultades que se oponen o le impiden la «realización moral del bien según el orden de la razón».

 Templanza (apetitivo) Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. En un sentido más amplio, los académicos la definen como sinónimo de «moderación, sobriedad y continencia».

Platón describe la justicia como la virtud fundante y preservante porque solo cuando alguien comprenda la justicia puede conseguir las otras tres virtudes, y cuando alguien posee del todo las cuatro virtudes es la justicia lo que las mantiene todas juntas.

Platón define, como un individuo puede lograr estas virtudes: la prudencia viene del ejercicio de razón, la fortaleza de ejercer las emociones o el espíritu, la templanza de dejar que la razón anule los deseos, y desde estas la justicia viene, un estado en que cada elemento de la mente está de acuerdo con los otros.

Se agregan a ellos que se debe ejercer la humildad​ (latín, humilitās) contra el pecado de soberbia; la generosidad​ (latín, generōsitās) contra el pecado de avaricia; la paciencia​ (latín, patientia) contra el pecado de ira; la caridad​ (latín, cāritās) contra el pecado de envidia y la diligencia (latín, diligentia) contra el pecado de pereza.

No será, acaso, que nosotros, ciudadanos, y especialmente nuestros dirigentes, todos, políticos, empresarios, sindicalistas, sociales, periodistas, religiosos e intelectuales, comencemos a practicar las virtudes anteponiéndolas a los defectos, sobre todo la humildad para reconocernos que no somos los mejores del mundo, ni tampoco los peores, pero que la soberbia nos ha hecho trastabillar más de lo deseado. La justicia como pilar fundamental para conseguir la convivencia entre nosotros. ¿No deberíamos dejar de la ira, la envidia, la lujuria y la pereza para detenernos en la templanza de la honestidad y la fortaleza para las grandes dificultades que se oponen o impiden la realización de una sociedad con equidad y trabajo para todos?

Entre el infierno de Dante Alighieri y la República de Platón, elijamos ésta última.



Fuente: (periscopio)











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