POLITICAS


SOLO EXPRESIONES DE DESEO

Las propuestas de salida de Alberto: Primero dijo que era a la “portuguesa” ahora es a la “uruguaya”



Fecha: 27/09/2019   12:22

Ambas salidas se asentaron en eliminar el déficit fiscal, tuvieron apoyo financiero internacional, esfuerzo y comprensión de sus pueblos, continuidad del plan que luego trajo los beneficios para sus habitantes




 

 

Alberto Fernández jura que, una vez en el poder, su gobierno manejará las finanzas nacionales con sobriedad, pero también promete un salariazo, más plata para los jubilados, más planes de emergencia, más consumo, más empleos y, desde luego, más crecimiento. Tanto voluntarismo es conmovedor, pero de aplicarse el recetario propuesto por el “presidente virtual” el país podría sufrir otra conflagración hiperinflacionaria.

Alberto no se equivoca cuando dice que, con escasas excepciones, los empleados ganan muy poco, muchos jubilados apenas sobreviven, es imperdonable que haya hambre en un país con tantos recursos alimenticios y todo sería muchísimo mejor si aumentara el producto bruto, pero para remediar tales deficiencias sólo ofrece una lista de deseos.

Los asesores del binomio Alberto-Cristina están buscando ejemplos de gobiernos en otras partes del mundo que hayan logrado solucionar problemas económicos urgentes, reconociendo tácitamente que las vernáculas han fracasado, incluida las por ellos implementadas cuando fueron gobierno.

El “modelo portugués”, que por un par de meses gozó de popularidad entre los kirchneristas, ya ha perdido el brillo que le atribuían. Luego de haberlo ponderado, se dieron cuenta de que no demostró que es perfectamente posible recuperarse de una caída estrepitosa sin tener que ajustar nada. Para decepción suya, se enteraron de que la estabilidad precaria alcanzada por la economía portuguesa que tanto les había entusiasmado fue precedida por una reducción brutal de los ingresos de estatales y jubilados ordenada por un gobierno conservador resuelto a restaurar el equilibrio fiscal costara lo que costara.

Ahora miran a Uruguay por la forma en que reestructuró la deuda en el 2003 con el presidente colorado Batlle, que no fue declarando el default y haciendo quita de capitales de la deuda como Argentina, sino respetando el monto y la moneda, sino ampliando los plazos en forma voluntaria con los acreedores. Claro, Uruguay tiene una reputación y una tradición de respeto de instituciones, cumplimiento de la ley, valoración de los derechos de propiedad, que le dio una posición de negociación mucho más fuerte. Argentina no tiene esa reputación, hay una enorme desconfianza de cualquier parte que tenga que negociar. Eso la pone en una situación defensiva, porque hay una suposición de mala fe que no ocurrió con Uruguay".

Respecto de Portugal

Se trata de una economía que ingresó a la Unión Europea con una estructura débil y con los fundamentals macro deteriorados. En 2008, con la crisis de Lehmann Brothers y sus consecuencias globales, todo se agravó. Ese año, el déficit de cuenta corriente trepó al 12% del PBI y en 2010, el déficit primario alcanzó el 8,5% del PBI. A Portugal se le cerró el mercado de deuda voluntaria después de implementar tres Programas de Estabilidad y Crecimiento (PEC).

Por eso, en 2011, el gobierno portugués firmó un paquete de ayuda por 78.097 millones de euros con la entonces bautizada Troika: Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional.

El ajuste

El Programa de Asistencia Económica y Financiera (PAEF) acordado condujo, naturalmente, a profundizar el disciplinamiento fiscal en marcha.

* El salario mínimo se mantuvo sin cambios durante cuatro años en 485 euros (una cantidad significativa en la Argentina, pero escaso en Europa).

* El salario de los empleados públicos se congeló entre 2012 y 2014.

* En 2012 se eliminaron los dos salarios complementarios (aguinaldos en nuestro caso) a empleados públicos, jubilados y pensionados.

* Entre 2012 y 2014 se suspendieron las jubilaciones anticipadas.

* En 2013 se amplió la jornada laboral de 35 a 40 horas semanales.

* Sin la herramienta de política cambiaria, la devaluación fue interna con una caída en el costo laboral del 8% en tres años (2010-2012).

Las consecuencias no escaparon de lo esperable:

* El desempleo creció de 7,5% en 2008 a 16% en 2012.

* Crecieron los empleos de baja calificación, por tiempo limitado y con mucha rotación.

* Entre 2013 y 2014, la pobreza alcanzó al 27,5% de la población.

Sin embargo, esto no fue mérito solamente del ajuste fiscal. La clave del éxito de las emisiones fueron las compras efectuadas por el Banco Central Europeo en el mercado secundario. En total, el BCE llegó a comprar 40.000 millones de euros en títulos portugueses, el 15% del total de la deuda pública portuguesa.

Por otra parte, la reducción del costo laboral en Portugal por encima del promedio europeo, en “un contexto de libre circulación de factores”, provocó un rápido aumento de las exportaciones. En 2013, comienzo de la tendencia, las cantidades exportadas crecieron 7% anual y fueron el motor del crecimiento del PBI ese año. En los cinco años posteriores, promediaron una suba del 5% anual acumulativo. Con esta dinámica se logró equilibrar la cuenta corriente.

El turismo también impulsó el crecimiento. La llegada de visitantes, básicamente europeos, rompe récords año tras año (sumó un crecimiento del 57% entre 2013 y 2017) y la participación del sector en el PBI pasó del 9% en 2010 al 14% en 2017.

El otro gran equilibrio fue el fiscal. “Ni el 1% aprobado por el Parlamento, ni el 0,7% previsto por el Gobierno. Portugal cerró 2018 con un déficit del 0,5% del PBI, el más bajo desde que se instauró la democracia en 1974”, describió el diario El País. Claro que, por otra parte, “los portugueses también cerraron el año con la mayor carga fiscal de la historia: de cada 100 euros producidos, 35,4 van para pagar impuestos”.

Con estos equilibrios en la mano, el gobierno socialista dejó atrás la austeridad y comenzó una política de ingresos expansiva: suben los salarios, aumentan las pensiones y se reducen algunos impuestos.

Superación de la crisis en Uruguay

Los últimos años de la década de los 90 y el inicio del nuevo siglo configuraron uno de los peores ciclos de la historia económica del Uruguay moderno. La extrema dependencia comercial de los vecinos iba a ser un elemento crítico, una vez que las monedas de Brasil y Argentina se sobrevaloraban primero y abruptamente perdían valor después, en Brasil en enero 1999 con la devaluación del real, y en Argentina en enero de 2002 con el abandono de la convertibilidad.

El país ya arrastraba severas dificultades desde fines de 1998, cuando comenzó a producirse una sucesión de shocks externos negativos, en un contexto de recesión, deterioro sistemático de los números fiscales y de endeudamiento externo.

El desequilibrio de las cuentas fiscales llevó además a la aprobación de un ajuste fiscal en febrero y otro a fines de mayo.

A la tambaleante situación macroeconómica le llegó el golpe de gracia: los argentinos que no podían acceder a los depósitos en los bancos de su país cruzaron el río para retirar los ahorros que tenían en el sistema financiero uruguayo.

En los primeros meses del 2002, el sistema bancario uruguayo ya había perdido el 40% de sus depósitos y reservas. Banco Galicia, con una filial en Uruguay, había sido intervenido en Argentina. Poco después queda al descubierto la estafa de los hermanos Rohm en el Banco Comercial, a lo que se suma la imposibilidad del Banco Montevideo-Caja Obrera de cubrir los retiros y la insolvencia del Banco de Crédito. A su vez, la banca estatal (BROU y BHU) expusieron su enorme fragilidad. El proceso de insolvencia financiera que afectó a parte de la banca desencadenó el colapso económico.

Finalmente, el 20 de junio el gobierno decretó la libre flotación del dólar. En un solo día, su valor trepó 30%. La confianza estaba malherida. Dos indicadores se habían vuelto extremadamente relevantes: la posición de liquidez y el retiro de depósitos. Decenas de millones de dólares se retiraban de los bancos y el riesgo país se disparaba.

El ministro de Economía Alejandro Atchugarry, que había sido el principal articulador del gobierno en el Parlamento, fue clave para la salida de la crisis. También cambiaron las autoridades del BCU, donde asumió la presidencia Julio de Brun.

El martes 30 de julio, el gobierno suspendió las actividades de los bancos Montevideo y Caja Obrera e, in extremis, se decretó el feriado bancario por una semana.

Durante esos días las negociaciones en EE.UU. en procura de un salvataje del FMI eran un partido contra reloj. Desde el organismo se aconsejaba a Uruguay armar un “corralito” a la Argentina. El presidente Jorge Batlle rechazó esa salida. Las gestiones derivaron en un crédito puente de EE.UU. de US$ 1.500 millones que al filo del plazo permitió retornar al país con esperanzas de desactivar la bomba.

Fue un período devastador: el PIB ajustó a la baja más de 15% entre 1999 y 2002. Estas cifras tuvieron su correlato en la desinversión, la quiebra de empresas, fuerte caída del salario real, la eliminación de puestos de trabajo y el incremento de los niveles de pobreza. Solo en 2002 emigraron 28.000 uruguayos buscando otros destinos como exiliados económicos.

El lunes 5 de agosto abrieron los bancos, excepto el Comercial, Montevideo-Caja Obrera, Banco de Crédito y la Cooperativa Caycu. Fueron suspendidos y el gobierno comenzó un plan para su liquidación y venta, y se reprogramó la devolución de los depósitos a plazo fijo de los bancos República e Hipotecario a tres años. La desaparición de varias instituciones financieras en 2002 significó el fin de la política del Estado uruguayo de rescatar a todas las instituciones quebradas.

Con la amenaza que suponía el abultado endeudamiento, Uruguay logró un exitoso canje a fines de mayo de 2003. Cumplida la promesa de no deshonrar los compromisos, a partir de ese año comenzó un período de crecimiento que se mantiene hasta nuestros días. El resultado de la negociación con los tenedores de su deuda del sector privado y con el Fondo Monetario Internacional, que también era acreedor de Uruguay, fue un aplazamiento en los tiempos de pago de cinco años, sin quita de capital y de forma voluntaria de casi U$S5000 millones, poco menos de la mitad de la deuda total del país. De esa forma, evitó caer en default.

Uruguay se comprometió en un superávit de 4 puntos del producto primario, una cosa extraordinaria. Argentina nunca pensó en una cosa así.

Por ello, la principal enseñanza es que cuando se manejan las cuentas públicas nunca se es lo suficientemente prudente, aun cuando todo indique que se lo es. Todos los problemas y las crisis, desde el fondo de la historia, siempre tuvieron y tendrán origen en desequilibrios de las finanzas públicas. Las cuentas siempre deben estar en orden y la deuda debe ser muy baja.

Diría el entonces Presidente Batlle: nos costó mil millones de dólares. Por lo que perdimos, por lo que no pudimos exportar, por los mercados que perdimos, por la pérdida de valor, por la pérdida de trabajo, por el cierre de los frigoríficos, por el cierre de las inversiones, por el cierre de las expectativas.

“Mercedes estaba sentada al lado mío. Estábamos en la bohardilla, acá arriba. Era mediodía y me llamó Aninat. Y me dijo Aninat que teníamos que hacer lo mismo que la Argentina. Dice Mercedes que creyó que me podía venir un infarto. Y yo le dije que no, que de ninguna manera, que si nos teníamos que hundir con el barco, nos hundíamos, pero que no lo íbamos a hacer”.

“La primera cosa que yo tengo que decir como Presidente de la República, que más allá de la ayuda que nosotros recibimos, si el pueblo uruguayo no fuera el pueblo que es, y no hubiera comprendido las causas externas que motivaron toda esta situación, no hubiéramos podido tener la tranquilidad social que nos ha permitido analizar, encarar e ir superando esta crisis”.

“La segunda cosa que quiero decir, que si el sistema político uruguayo no hubiera actuado con la sensatez, con la seriedad y con la estabilidad y la respuesta inmediata parlamentaria, a los problemas que les planteamos en su momento, tampoco hubiéramos podido llegar a buen puerto como hemos llegado. Porque el pueblo del Uruguay tiene que saber, que esos dos atributos fueron reconocidos en el mundo, y que esas fueron las cosas que nos permitieron, que nos permitieron, hacer la conversión de deuda, en una forma como nadie, ni siquiera los más optimistas de nosotros creíamos que la podíamos hacer. Y fue ejemplar, la primera que se hace en el mundo, y detrás de la nuestra mucha gente va a tratar de ver si puede hacer otro tanto.         



Fuente: (periscopio)


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