INTERNACIONALES


LAS BOVEDAS AUN PUEDEN DERRUMBARSE

Notre Dame empieza a curar sus heridas de la mano del arquitecto Philippe Villeneuve



Fecha: 08/08/2019   11:15

“La estructura de la catedral está a salvo;Podríamos decir que hemos tenido suerte”, expresó el arquitecto jefe de la obra de Notre Dame; Unos 60 obreros y seis robots teledirigidos trabajan cada día; un laboratorio especializado en monumentos históricos investiga el estado de las piedras



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Los exteriores de Notre Dame se abrieron para un reducido grupo de medios, Efe entre ellos, que deben, al igual que los trabajadores, ponerse el mono blanco con capucha, casco de construcción, calzado de seguridad y guantes negros.

La reconstrucción de un monumento en el que cada piedra es sagrada no entiende de fechas límites ni promesas de milagros. Tres meses después del incendio, Notre Dame sana sus heridas con un trabajo de restauración centrado en dejar la mínima huella posible, como pudo comprobar Efe en una visita al templo.

El uniforme de rigor no combina demasiado bien con el sofocante calor de la canícula que sufre la capital francesa desde hace unos días.

Pese a todo, el panorama no resulta todo lo desolador que se podría esperar. Los obreros y arquitectos, que trabajan, debido al calor, de seis de la mañana a dos de la tarde, se muestran optimistas.

Phillippe Villeneuve, arquitecto jefe de los Monumentos Históricos, está al frente de las obras de estabilización y recuperación de la catedral incendiada hace tres meses.

“La estructura de la catedral está a salvo (...) Podríamos decir que hemos tenido suerte”, expresó el arquitecto jefe de la obra de Notre Dame, Philippe Villeneuve, anfitrión de esta visita por los exteriores de la catedral. Juega un papel crucial en la restauración de la joya gótica de París; aun así, su intención es no dejar demasiada huella: “Soy reticente a la firma de un arquitecto en una obra maestra como es Notre Dame”.

 

El día siguiente al incendio, Villeneuve se acercó a inspeccionar el estado de la catedral: “La providencia me ayudó a detectar los elementos frágiles que amenazaban con derrumbarse”. El arquitecto destacó que la veloz actuación en estos elementos (como algunas bóvedas o pilares) salvó en parte su estructura.

En la pizarra de la sala de reuniones creada en uno de los contenedores que albergan las improvisadas oficinas de los arquitectos y obreros de Notre Dame, sigue marcado el calendario de tareas de los primeros días tras el desastre, junto a un dibujo de la estructura de la catedral gótica parisina. Es el primer esquema que hizo Philippe Villeneuve nada más realizar, como arquitecto jefe de los Monumentos Históricos de Francia, el diagnóstico inicial de la situación, cuando Notre Dame era aún una mole ennegrecida por el humo del fuego que por poco no la destruyó por completo.

Villeneuve ya perfiló las obras principales de apuntalamiento que, casi tres meses y medio después, todavía siguen en marcha. Y que, pese al ritmo acelerado que se mantiene, continuarán todavía unos cuantos meses, quizás hasta diciembre. Mientras no haya concluido la fase de protección y todo esté bien asegurado, Villeneuve dice que no podrá volver a dormir tranquilo, como no lo ha hecho desde el incendio. "Las bóvedas pueden derrumbarse aún. Todavía pueden pasar cosas", comenta mientras lanza una mirada inquieta a la gran obra en que se ha convertido, otra vez, la catedral construida hace ocho siglos.

Unos 60 obreros trabajan cada día para reforzar los arbotantes y los pilares, entre cientos de otras tareas, mientras hasta seis robots teledirigidos se adentran en las zonas de la catedral como el crucero, donde el riesgo de nuevos hundimientos es todavía demasiado alto como para encargar a humanos la limpieza y recuperación de los escombros. El trabajo es intenso pero lento, porque debe ser minucioso.

Sobre el terreno, además de arquitectos y obreros, trabaja un laboratorio especializado en monumentos históricos investigando el estado de las piedras para saber si el fuego las ha despojado totalmente de valor o es posible reutilizarlas.

Las estanterías muestran piedras ennegrecidas, aparentemente calcinadas. Sin embargo, el laboratorio indicó que muchas de ellas solo habían perdido el 20% de su resistencia y que estructuralmente no tenían un daño importante.

“Cada una de las piedras tiene su sitio, no pretendemos cambiar cualquier mínimo elemento que haya resultado un poco quemado”, expresó Villeneuve respaldándose en el valor histórico del monumento.

La explanada ante Notre Dame ya no es el lugar de turistas que intentan hacerse hueco para tomar la foto definitiva de su viaje a París.



Fuente: (periscopio)











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