PRODUCCION


COPIANDO EL MODELO ASIATICO

Industria de la indumentaria: Solo la mantiene la mano de obra en negro



Fecha: 27/02/2019   11:23

Los dirigentes de la Cámara Industrial Argentina y de Indumentaria (CIAI) reconocen que alrededor del 78% son trabajadores no registrados; en las “saladitas” compran los sectores de menos recursos y en determinados rubros, como la ropa deportiva, también las franjas medias




 

 

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Los países que tienen el liderazgo del sector textil a nivel mundial, porque concentran más de un millón de trabajadores son China, Pakistán, Bangladesh y la India. En esa escala, Argentina es apenas un pequeño productor, y en el ámbito más cercano del Mercosur, Brasil es el productor más importante que concentra el 60% de la producción y Argentina solo mantiene un 17% de la misma.

Esto pone en evidencia que cualquier importación masiva de productos textiles pone en riesgo la producción nacional y que, para mantener precios y competitividad, la industria nacional debe hacer un importante esfuerzo de inversiones tecnológicas. Pero ello no ocurre, por distintas causas, y acude para no quedar muy expuesta a su deterioro, a la desmejora de condiciones de trabajo, para mantener costos bajos y por lo tanto, precios competitivos y su lugar en el mercado.

No obstante, casi siempre desde los medios de comunicación se señala como uno de los grandes problemas referentes de la industria textil es la pérdida de competitividad frente a las importaciones. Según la cámara, en 2017 alcanzaron las 264 mil toneladas, lo que implicó un aumento del 8,1% respecto de las importaciones registradas en 2015. En tanto, durante los doce meses de 2018 las importaciones el valor importado ascendió a los USD CIF 509,6 millones mientras que el volumen registró un fuerte descenso y se ubicó en torno a los 22,9 millones de kilos.

En enero último cayó 31% interanual el valor importado de prendas, registrando que el 58% ingresó desde China.

La gerente de la CIAI, Alicia Hernández, advierte que, a diferencia de las grandes marcas globales, en la Argentina no hay empresas locales que tengan plantas de producción en China, Camboya, India o Bangladesh: "Compran y traen; no producen. Argentina no tiene volumen para hacerlo; es básicamente mercado interno y algo de exportación a Latinoamérica".

No obstante, la variación del tipo de cambio después de la crisis de 2001 favoreció su recuperación, aumentando casi un 7% su participación en el Producto Interno Bruto (PBI) manufacturero y recuperando sus niveles de producción y empleo. La actividad industrial textil había alcanzado en 2008 un 13,3%, valor que decrece en 2009 a -12,3%, mostrando otra vez un fuerte pico de caída, acumulando un -13,5% anual.

En lo que hace a precios de venta al público, los fabricantes locales aseguran que importar no implica grandes diferencias. La clave -dicen- es poder contar con productos o tejidos "diferentes".

Producción clandestina

Se desempeñan en talleres informales que después comercializan en áreas identificadas como Avellaneda y Flores en la Ciudad de Buenos Aires; en la feria de La Salada (su creador, Jorge Castillo, está preso acusado de ser el jefe de una asociación ilícita) y en las 'saladitas' del interior del país".

Las "saladitas" son un formato que en los últimos años se extendió por todo el país; según relevamientos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) representan cerca de la mitad del comercio en las provincias. Hernández apunta que, en determinadas épocas, en esos mercados hay mercadería de contrabando pero que, en general, se aprovisionan de indumentaria en el circuito informal. "Los sectores de menos recursos son los que compran allí y, en determinados rubros, como la ropa deportiva, también las franjas medias", agrega.

En 2007 denuncias de la CIAI hablaban de cinco mil talleres en situación de clandestinidad solo en la Ciudad de Buenos Aires, lo que significa un promedio de 30 mil trabajadores. Este panorama se extiende con mayor intensidad en la provincia de Buenos Aires (San Martín, Monte Grande, Esteban Echeverría y todo el sur del Gran Buenos Aires) y en las provincias de La Rioja, Santa Fe, Córdoba, entre otras.

En diciembre de 2012, el titular de la Fundación Alameda, Gustavo Vera, afirmaba que, “un 78 por ciento de la ropa que se fabrica en Argentina, se hace "bajo condiciones de esclavitud". "Son prendas que están manchadas con sudor y sangre de la explotación, de la trata con fines laborales", advirtió el dirigente, que encabeza una entidad dedicada a denunciar el trabajo esclavo en el sector textil.

Según datos elaborados por esa Fundación, solo en la Capital Federal existen 3 mil talleres clandestinos, en donde trabajan unas 30 mil personas. Vera, en diálogo con Diario Popular, comentó que, actualmente, la Justicia investiga un total de 106 firmas textiles que producen indumentaria bajo "explotación laboral".

En enero de 2017, la secretaria general del Sindicato Argentino de Trabajo a Domicilio Textil y Afines, Mónica Basterrechea, denunció que, “Todas las empresas textiles de Mar del Plata tienen trabajadores domiciliarios en negro” y aseguró que hay a nivel local, unas 4.000 personas “trabajando en sus domicilios o en talleres clandestinos” y “cobramos una miseria por prensa, sin ningún tipo de cobertura de obra social, ART, aporte jubilatorio”.

“La industria textil obtiene ganancias extraordinarias, mediante la explotación de sus trabajadores y los precios carísimos que cobran por sus prendas a los consumidores” apuntó, denunciando que, además, “en los últimos tiempos, hasta los hilos tenemos que pagar nosotros porque no los traen y, bajan los precios que nos pagan por prenda, aduciendo razones de poca venta o crisis. Pero la realidad es que los uniformes se están haciendo, los delantales también, camperas se están armando e, inclusive se están trayendo muchísimas prendas desde China a las que, acá, les cambiamos las etiquetas”.

El destino de la producción de estos talleres es, por un lado, alimentar la cadena productiva de grandes marcas a bajos costos y, por otro lado, la fabricación y venta de mercadería falsificada. Se copian las marcas de mayor prestigio, que se comercializan en ferias y corredores de comercialización clandestinos (La Salada, La Saladita, Constitución, Bonorino, etc.), a precios cuatro a cinco veces inferiores que las marcas verdaderas.

Según datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, la producción de ropa en talleres clandestinos le genera un impacto mayor a la importación sobre su negocio.

Orígenes de la industria

La Industria Textil nace a fines de siglo XIX con la inmigración europea. Fue una de las pocas industrias que se desarrollan en la Argentina, ya que el país era netamente agroexportador con actividad industrial complementaria al sector. La crisis financiera de 1930 hizo que los países desarrollados se orienten hacia políticas netamente proteccionistas cerrando sus economías, por lo que Argentina realiza la primera industrialización por sustitución de importaciones, haciendo crecer aún más al mercado de la confección.

En 1943, se adopta una política abiertamente favorable al desarrollo industrial profundizando el modelo, lo que podemos definir como la segunda industrialización por sustitución de importaciones. Se produce en el país una verdadera revolución que genera que la producción industrial se convierta en una actividad central y dinámica de la economía hasta 1976, cuando se produce el golpe militar, luego del cual comienza un drástico proceso de desindustrialización causando el quiebre del modelo de sustitución de importaciones. Son los años de cambio de paradigma económico, de declive del modelo keynesiano a nivel global.

En los 70’, el capitalismo traslada la producción que tiene mucho contenido de mano de obra a los países donde la clase obrera es más endeble y con salarios mucho más bajos. En un movimiento de “orientalización” de la economía mundial, traslada al capital a explotar fuerzas de trabajo con más intensidad y, por lo tanto, con más ganancias. Reubicando la industria textil en el sudeste asiático o en China.

A partir de esos 90’, la industria textil buscó un renacimiento intentando abaratar costos, desarrollando una tercerización para lograr condiciones similares a las asiáticas (bajos salarios, largas jornadas laborales, tercerización, trabajo a domicilio y el pago a destajo). Comienza a asociarse la industria textil con la trata, con la inmigración clandestina -principalmente de Bolivia, Paraguay y Perú- y talleres con condiciones laborales extremas lindantes con la esclavitud. Con estos modos, renace la industria de la confección como única manera de competir con la asiática.

Hasta el secretario general de La Asociación Obrera Textil (AOT), Jorge Lobais, calculo que en el sector “hay alrededor de 100.000 trabajadores en negro“. Los dirigentes de la Cámara Industrial Argentina y de Indumentaria (CIAI) reconocen que alrededor del 78% son trabajadores no registrados, también el sindicato del vestido (SOIVA) estima una cifra de por lo menos el 80%.

Los fabricantes de ropa enfatizan que producir en la informalidad reduce fuertemente los costos ya que los limita a los tejidos (más económicos porque no usan puro algodón), a una mano de obra más barata y, además, usan menos diseño. "Es como si produjeran en China o en Bangladesh", grafican.

Para ellos, es prioridad corregir la ley de domicilio de trabajo que data de los años '60 y que es un incentivo a los talleres informales. En una reunión de hace unas semanas con el ministro de Producción, Dante Sica , les dijo a los industriales que el Gobierno buscará avanzar en la derogación de ese régimen de trabajo y reemplazarlo por las pautas generales de la Ley de Contrato de Trabajo y de cada convenio colectivo del rubro.

¿Alanzará con ello?



Fuente: (perisopio)


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